
El norte de Gales ofrece una variedad de destinos tanto históricos como naturales que a veces uno se pregunta cómo puede ser que el sur se lleve toda la atención.
Una de las primeras paradas obligatorias es el Castillo Caernarfon, construido hace 900 años y hoy un ícono de la zona, que cobró protagonismo mundial en el año 1969 cuando Carlos, el hijo de la Reina Elizabeth II fue envestido ahí como Príncipe de Gales.
Actualmente esta completamente abierto al turismo y uno puede perderse entre sus laberínticos pasillos por unas 5 libras (30 pesos). También se recomienda recorrer el poblado marítimo de Caernarfon, en donde uno puede consumir un auténtico Fish N' Chips y experimentar la clásica gastronomía de la zona.

La próxima parada es el Monte Snowdonia, el pico más alto de todo el Reino Unido, al cual se puede escalar en una corta (pero empinada!) caminata de 90 minutos.

Los menos deportistas tienen la opción de tomarse, por 10 libras (unos 60 pesos), un simpático tren a vapor que llega cerca de la cima, desde la cual puede verse no sólo Inglaterra, sino también Escocia.
Una vez abajo del Monte Snowdonia, nos dirigimos a los acantilados de South Stack. Sin embargo, antes de llegar, la parada obligada es un pequeño pueblito que se jacta de tener el tercer nombre más largo del mundo, comprobado a través de el libro Guiness de los records. El lugar se llama Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwyll-llantysiliogogogoch, que en gaélico significa algo así como "La Iglesia de Santa Maria de la cueva entre los almendros blancos cercana a los remolinos junto San Tysilio de la Cueva Roja".
No es fácil de recordar, por lo que los lugareños lo apodan "Llanfair".
Y ya llegando al final del camino, en la pequeña isla de Holyhead, nos encontramos con una imagen digna de una postal: los acantilados de South Stack, con un faro que logra dominar el horizonte, desde el cual dicen, que en un día despejado, logra verse la costa de Irlanda.

La entrada al faro es gratuita, y se puede subir hasta la punta de la torre. Desde ahí uno puede alimentar a las gaviotas que ya estan acostumbradas a tomar comida de la mano de los humanos (cuidado con los picotazos...). Consejo: esperar hasta el atardecer para ver una de las puestas de sol más electrizantes que hayan experimentado. En la planta baja del faro también hay un museo con videos explicativos a cada hora sobre cómo fue construido y cuánto trabajo llevó.
Y así termina el recorrido por una zona poco explorada por el turismo mundial, pero que poco tiene que envidiarle a otras locaciones visitadas hasta el hartazgo, que no ofrecen nada comparable al norte de Gales. ¡Salud!

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