viernes, 23 de noviembre de 2007

La Venecia del Tercer Mundo

Ya todos conocemos las ruinas de Angkor Wat, aquellas construcciones milenarias ocultas en lo más profundo de la selva de Camboya, que saltaron a la fama mundialmente luego de que fueran exploradas por Angelina Jolie en la película Tomb Raider.




Pero lo que nadie sabe, es que al sur de Siem Reap, uno de los mayores destinos turísticos del país, se encuentra un lugar que ofrece una experiencia diferente a quien se atreva a conocerlo: la Aldea Flotante es un pequeño conjunto de casas construidas precariamente sobre balsas de bambú sobre las aguas del rio Boeng Tonle. Similar a Venecia, sólo que sin gondoleros románticos o construcciones góticas. Y aunque muchos crean que es dificil de hallar, en realidad sólo hay que acercarse a uno de los miles moto-taxis que pululan por el centro de la ciudad y pedirle que te lleve hasta ahí. Por cinco dólares, no sólo te van a acercar hasta el río, sino que te van a esperar junto a la costa hasta que vuelvas, para acercarte nuevamente a la ciudad.
Una vez que llegás a la costa, te espera un viaje de 45 minutos a bordo de una lancha precaria por los canales pantanosos de la zona. "Cuidado con los cocodrilos..." advierten generalmente los camboyanos que manejan las lanchas. Y no bromean. El río no sólo esta infestado de cocodrilos, sino que también de pirañas.



Al salir de los canales y adentrarse en el Boeng Tonle, uno comprende la inmensidad del rio, comparable al Rio de la Plata, ya que da la sensación de estar en mar abierto. Y entre la bruma, a lo lejos, uno comienza a divisar pequeñas embarcaciones flotantes, que luego resultan ser chozas construidas sobre tablas y cañas de bambú.


Al amarrar junto a la choza principal (la de mayor tamaño), uno es recibido por docenas de niños camboyanos que intentan verderle a los turistas diferentes souvenirs por sólo un dólar. Dentro de la choza hay un bar, un acuario con tortugas e incluso una especie de corral subacuático en donde mantienen encerrados a los cocodrilos de la zona.




Así uno puede sentarse a tomar una Coca-cola (la globalización llega a todos lados), comer alguna fruta de la región, o simplemente divertirse mirando a los camboyanitos jugar en el agua mientras flotan dentro de fuentones u ollas. A ellos parecen no preocuparles los cocodrilos o las pirañas.



Así que a no olvidarse de visitar este increible lugar, tan atractivo como desconocido en caso de tener la suerte de poder viajar a un país tan apasionante como Camboya. Y recuerden: Angkor Wat no es el único tesoro que esconde la zona de Siem Reap, y por sólo unos 15 dólares podemos pasar un día sobre la Aldea Flotante, alejados de los grandes grupos turísticos que invaden el país los 365 días al año.

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