jueves, 29 de noviembre de 2007

La Ciudad Perfecta

Brugge o Brujas, como mal se la conoce en un erróneo intento de castellanización, es una de las ciudades medievales mejor preservadas de toda Europa.



La ciudad flamenca es uno de los destinos preferidos por los turistas de todo el mundo. Cada verano es visitada por casi dos millones de personas de todas las nacionalidades.
Se trata de una ciudad con encanto especial, a pesar de contar con no más de 60.000 habitantes, dispone de todas las comodidades de una gran urbe, sólo que en un entorno caracterizado por el aspecto medieval y las casitas de los cuentos.
Su pequeño y pintoresco centro está rodeado armoniosamente por una serie de canales que permiten recorrerlo en simpáticas góndolas y coquetas embarcaciones. La Unesco declaró ese lugar como patrimonio de la humanidad en el año 2000. Allí, dos plazas principales se reparten la atracción: Markt y Burg.



En la primera es donde comienzan la mayoría de los recorridos turísticos. Si se cuenta con un buen estado atlético, no se les debe esquivar a los 366 escalones del campanario de la torre de Belfort, que regala una imponente vista panorámica de la ciudad.




Ambas plazas se unen por intermedio de la Breidelstraat, una concurrida callezuela repleta de bares y cafés.
En la Burg, el imponente Stadhuis (Municipalidad) resplandece con su estilo gótico y sus esculturas del siglo XIV, aunque debió ser restaurado en el XIX.
Cuenta la leyenda que unas gotas de sangre que se exhiben en el altar de la pequeña y bella Heiligbloed-Basiliek (Basílica de la Santa Sangre), pertenecen al mismísimo Jesucristo. Según algunos manuscritos el duque de Flandes las trajo personalmente de Jerusalén en una de sus tantas cruzadas.
Continuando el camino hacia el sur de la ciudad se desemboca en la Huidenvettersplein, una pequeña plaza rodeada de restaurantes y bares. El menú belga por excelencia son frites (papas fritas) y cerveza, que se puede elegir entre 300 variedades.
Siguiendo el recorrido del canal Djiver, se llega a la zona de los museos. El más importante es el Onze Lieve Vrouwekerk, que guarda en su interior la Virgen con el niño, de Miguel Angel, una delicada estatua que fue la única de las suyas que salió de Italia mientras él vivía.



Esta pequeña ciudad belga es un lugar único, alejada de las ruidosas metrópolis, se trata de un lugar ideal para pasear mientras se admira su rica arquitectura o navegar tranquilamente en barca por los canales que atraviesan esta segunda Venecia del viejo continente.

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